PERROS VIEJOS NO APRENDEN TRUCOS NUEVOS: A los ex-comunistas les cuesta ser demócratas.

Por NotiCensura : domingo, junio 01, 2014

Luego de estar medio siglo o más bajo el control directo o indirecto de la Unión Soviética, su precipitada desintegración a principios de 1990 empujó a una veintena de países a fundar democracias de un día para otro.

Algunos de ellos habían tenido experiencias republicanas a comienzos del siglo XX, pero otros no. Esa distinción se plasmó en una marcada diferencia entre los que pudieron integrarse al resto de Europa y desarrollar democracias más o menos consolidadas, y los que, 24 años después, todavía naufragan entre la inestabilidad, la corrupción y el autoritarismo.

Para comprender la compleja realidad de esta región, Infobae entrevistó a dos especialistas en el tema: Carlos Flores Juberías, doctor en Derecho por la Universidad de Valencia y estudioso de los procesos democráticos en Europa Oriental; y Fernando Casal Bertoa, doctor en Ciencia Política e investigador de la Universidad de Nottingham, especializado en la institucionalización de los sistemas de partidos en Europa del Este.

¿Por qué muchas de las ex repúblicas socialistas estuvieron marcadas en las últimas décadas por gobiernos inestables y autoritarios?
Flores Juberías: Aunque antes de los años '90 hablábamos con mucha frecuencia de Europa del Este como un grupo homogéneo, en tanto miembros del bloque socialista, había muchas diferencias. A partir de la transición política, los caminos de esos países variaron aún más. Algunos evolucionaron hacia democracias perfectamente estables, como Polonia, Hungría y República Checa. Mientras que otros, como Ucrania, Rusia y las Repúblicas Centroasiáticas, desarrollaron formas mucho más deficientes de democracia, con rasgos autoritarios bien marcados.

La suerte de las ex repúblicas socialistas ha sido muy dispar. Los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, se han incorporado a la Unión Europea (UE) hace diez años, y son naciones plenamente desarrolladas. En cambio, en Bielorrusia avanzó un régimen fuertemente autoritario y personalista, una dictadura en la que se encarcela a la oposición, se censura a la prensa y donde las elecciones son manipuladas. En una tercera posición se encuentran Moldavia, Armenia y Azerbaiyán, que son países con democracia de muy baja calidad.

Casal Bertoa: El principal problema es de falta de experiencia y de cultura democrática. Al fin y al cabo, no se puede comparar la experiencia de los europeos occidentales con la de los orientales. Durante mucho años no hubo elecciones libres ni pluralidad partidaria. Sólo había un partido político, el Partido Comunista, y unos sufragios en los que ganaba con el 99% de los votos. Después está el problema de las nacionalidades. En países como Eslovaquia y Rumania hay importantes minorías étnicas, lo que ha creado solicitudes autonomía. Esto despertó también la respuesta de partidos nacionalistas.

También hay que tener en cuenta que casi todos, salvo Checoslovaquia, fueron dictaduras o tuvieron golpes de Estado hasta la invasión alemana. Y los otros fueron engullidos desde le principio por la Unión Soviética, que no era democrática. Además, antes que formar partidos, buscan líderes. A diferencia de Europa Occidental, donde los partidos se arman de abajo hacia arriba, aquí son las elites y las personalidades las que los forman. Esto ha afectado la consolidación democrática.

Por último, está el tema de la política exterior rusa, marcada por la idea de recuperar lo perdido. Casi todos estos países dependen de Rusia desde el punto de vista energético. Algunos, como Eslovaquia, en un 100 por ciento. Entonces, Rusia dice: "Si no hacen lo que queremos o se acercan a la UE, les cortamos las exportaciones de gas o les subimos el precio". También está el factor de las minorías rusas en estas naciones, porque Moscú pretende protegerlas. Pero la influencia ya no es tanto militar -aunque sigue influyendo en este sentido, como lo mostró Crimea-, sino económica.

¿Cómo se explica el caso de Rusia, que parece haber encontrado una considerable estabilidad, pero a costa de una democracia con severas restricciones a las libertades políticas?

FJ: Hay una acumulación de factores. No hay una tradición ni una cultura democrática, porque nunca fue una democracia. Ni en tiempos del zarismo, ni del comunismo. Implantar una nueva forma de gobernar en un país sin experiencia es difícil.

A eso hay que agregar una situación económica muy particular. La salida del comunismo en Rusia creó importantísimas desigualdades. Hubo un crecimiento repentino de ciertos sectores de la oligarquía y un empobrecimiento de sectores sociales antes favorecidos. En estas condiciones la democracia funciona mal, por la existencia de oligarquías muy poderosas.

Un tercer factor es la presencia de una personalidad muy arrolladora, como Vladimir Putin, que ha estado en el poder primero como primer ministro, luego como presidente, como primer ministro de nuevo y finalmente como presidente otra vez. Eso marcó de manera indeleble el desarrollo de Rusia, imprimiéndole un perfil autoritario. Harían falta otras tradiciones, mayor igualdad y cohesión social para una mejor democracia.


¿Cómo hizo Putin para convertir a Rusia en algo tan parecido a una autocracia?

FJ: Putin le dio un giro de 180 grados a la política rusa. No hay más que comparar su gobierno con el de Boris Yeltsin. Era un gobernante muy débil, que permitió a las oligarquías rusas ganar mucho poder. Por su falta de autoridad estuvo en serio peligro la integridad territorial del país.

Por el contrario, Putin le imprimió un rumbo diametralmente opuesto. Centralizó el poder, fortaleció el Estado, dio fuerza a las instituciones, creó un partido al servicio del poder, y sometió a buena parte de los oligarcas al Estado de derecho. El régimen de Putin se ha encaminado hacia una monarquía absoluta, como contraste al de Yeltsin, que era eminentemente feudal.

CB: Putin ha sabido manejar muy bien el orgullo nacional ruso, lo que le permitió cultivar una imagen de líder fuerte. Para esta tarea lo ayudó tener el control de los medios de comunicación, que son públicos y que están al servicio del régimen.

¿Por qué no ha podido consolidarse un sistema político estable en Ucrania? ¿Cómo se llegó a una crisis de la dimensión actual?

FJ: En el caso de Ucrania, a la profunda desigualdad y a la ausencia de tradiciones democráticas, presentes también en Rusia, se podría agregar la falta de cohesión dentro del propio país. Ucrania no ha podido fraguar de manera satisfactoria una identidad nacional.

Eso le impide tomar decisiones en materia de política internacional, como definir si quiere integrarse a la UE o seguir pivotando en torno a Rusia. Además es un país profundamente dividido entre el este y oeste, y los últimos acontecimientos son la expresión más dramática de esa fractura.

CB: El problema de inestabilidad en Ucrania tiene que ver con el sistema de corrupción que ha habido. La cantidad de millones de euros que (el derrocado ex presidente) Víktor Yanukóvich se ha llevado es una barbaridad. Esto impide un funcionamiento adecuado de la economía.

La crisis actual se vio determinada por la voluntad mayoritaria del pueblo ucraniano de acercarse a la UE para tener las ventajas económicas y políticas que supone. El acuerdo de asociación que el anterior gobierno estuvo a punto de firmar podría haberle permitido incorporarse en el futuro. Pero Rusia presionó para que no se firme, amenazando con subir el precio del gas, y ofreciendo un préstamo importante. Entonces, Yanukóvich se echó atrás. Los jóvenes reaccionaron saliendo a la calle a protestar, y el gobierno, en vez de negociar, actuó con violencia, lo que precipitó la confrontación.

A eso se sumó la reacción de las minorías rusas en el este de Ucrania, temerosas de que Kiev les impusiera su voluntad. Pero la mayoría no quiere unirse a Rusia, apenas una elite minoritaria lo propone. El resto sólo quiere conservar el idioma y la cultura.

¿Qué les permitió a algunos países de la región consolidar sus sistemas democráticos con mayor éxito que sus vecinos?

FJ: En países como Polonia, Hungría, República Checa, Estonia, Letonia y Lituania había una tradición democrática que fue interrumpida por su incorporación al bloque soviético. Pero siempre estuvo presente, y sirvió como referencia a partir de los '90. En ellos, el nivel de desigualdad era menor y la transición hacia la economía de mercado se hizo con un poco más de criterio. Además, hubo instituciones capaces de canalizar las opiniones cambiantes de la ciudadanía y que funcionaron razonablemente bien.

Por supuesto que ha habido casos de abuso de poder y de corrupción, pero todos ellos tienen instituciones que se contrapesan y que mantienen un sano nivel de libertad para los ciudadanos. Añadamos a todo eso una inequívoca voluntad de integración al resto de Europa. Son países que hasta 1945 habían vivido en un contexto político distinto del dominado por Rusia, con la que no comparten idioma, religión, ni tradiciones. Entonces, el influjo temporal de la Unión Soviética fue rápidamente olvidado.

CB: Evidentemente, los tres más exitosos han sido Estonia, Letonia y Lituania. Entre los otros, Moldavia ha sabido hacerlo bastante bien, desarrollando una democracia electoral, donde la oposición democrática europeísta logró ganar las elecciones. Igual ha tenido problemas económicos, y es una sociedad muy dividida, entre el partido comunista y la oposición. También está Georgia, que en julio va a firmar un acuerdo de cooperación con la UE.

Y luego viene Ucrania, donde ahora hubo elecciones y todos coinciden en que fueron limpias. La propia Yulia Timoshenko reconoció la victoria de Petro Porochenko. Es cierto que 2 millones de habitantes no tuvieron la posibilidad de votar porque la comisión electoral no podía garantizar el acceso a las urnas en las regiones orientales (controladas por los prorrusos). Pero se puso en evidencia que hay un ambiente de colaboración.