(RECORDANDO EL INFIERNO CUBANO) 1994 : El drama de los balseros cubanos en Guantanamo

Por NotiCensura : domingo, agosto 24, 2014


Cuando los médicos cubanos de Miami vinieron para ayudar a 30,000 balseros cubanos detenidos aquí, encontraron un campamento infernal de tiendas de campaña en el cual las personas se cortaban y se quemaban a sí mismas con la esperanza de ser evacuadas a hospitales en Estados Unidos.

Los médicos se horrorizaron cuando vieron a niños con los dientes podridos a causa de la dieta rica en azúcar en Cuba, que estaba en bancarrota en ese momento. Ellos vieron a un niño al que se le había extirpado parte de un pulmón porque los médicos en Cuba carecían de antibióticos para tratar un simple caso de neumonía.

Veinte años después, los médicos del Equipo Médico de Miami (Miami Medical Team, o MMT) que se ofrecieron para tratar a inmigrantes cubanos y haitianos en este enclave de las Fuerzas Armadas de EEUU en la costa sudoriental de Cuba, miembros del grupo, creado sin ánimo de lucro, regresaron el viernes para conmemorar su labor.

“Estamos muy contentos de estar de regreso en el único territorio libre de Cuba”, dijo el presidente del MMT Manuel Alzugaray, con la voz temblorosa por la emoción, durante una ceremonia en la capilla de la base, no muy lejos de las prisiones donde permanecen encerrados casi 150 cautivos de la guerra al terrorismo.

Las dos docenas de miembros del MMT fueron directamente a un pequeño santuario dedicado a la santa patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad, junto a la capilla. Varios de ellos acariciaron con suavidad el vidrio protector y luego se unieron en una plegaria de grupo por la libertad en la isla de régimen comunista.

Cuando los voluntarios del MMT vinieron por primera vez en el verano de 1994, unos 15,000 haitianos y 1,500 cubanos detenidos en una operación estadounidense de intercepción en alta mar llamada Señal Marina (Sea Signal) ya estaban allí. Esa cifra acabó creciendo a 45,000, en una base que usualmente alberga entre 5,000 y 6,000 personas.

Castro, sacudido por el colapso de los subsidios soviéticos y airado porque Washington estaba recibiendo a balseros cubanos con brazos abiertos, anunció que todo aquel que quisiera salir de Cuba podría hacerlo. Alrededor de 35,000 se tiraron al mar. El presidente Bill Clinton juró que no los aceptaría y ordenó que la mayoría fueran traídos a esta base hasta que él pudiera decidir qué hacer con ellos.

Alzugaray dijo que el Departamento de Estado de EEUU pidió la ayuda del MMT debido a su experiencia asistiendo a rebeldes antimarxistas en Nicaragua y Angola. Guarioné Díaz, entonces jefe de una agencia de trabajo social de Miami fue llamado para servir de enlace entre los refugiados y la base militar; “el alcalde de Guantánamo”, como lo llamó un reporte noticioso.

La primera ola de inmigrantes cubanos y haitianos en llegar fueron amontonados en medio del sofocante calor del verano y el polvo – el área de Guantanamo es árida– en tiendas de campaña verde olivo rodeadas de cercas de alambre de púas que parecían y se sentían como cárceles al aire libre.

El psiquiatra de Miami Rigoberto Rodríguez, de 61 años, dijo que vio numerosos casos de depresión “debido al drama en alta mar”. Académicos han estimado que por el camino murió uno de cada cuatro balseros que se lanzaron a la carrera enloquecida hacia la libertad, conocida como la Crisis de los Balseros.

Muchos de los refugiados eran adolescentes que habían dejado atrás sus familias en Cuba, y ninguno de ellos sabía en un inicio si se les permitiría entrar a EEUU, si serían obligados a regresar a Cuba o enviados a un tercer país.

El cirujano Alexis Abril, de 70 años, recordó a una mujer con un cáncer de seno tan avanzado a quien la piel se le estaba rajando. Ella alegó que le habían negado tratamiento en Cuba por ser disidente. La mujer fue evacuada a un hospital de EEUU, como todas las emergencias médicas.

El dentista Enrique Cepero dijo que había quedado en shock al tratar a niños de seis y siete años cuyos dientes se habían podrido debido a que su único desayuno era agua con azúcar cuando Cuba se hundió en una depresión postsoviética en la que hambre y escasez de todo tipo afectaron la isla.

El internista Jorge Beato, de 65 años, dijo que él recordaba en particular a un niño de entre cinco y siete años que había padecido en Cuba de neumonía, la cual generalmente es tratable con antibióticos. Cirujanos cubanos le extirparon parte del pulmón, al parecer porque no tenían los antibióticos.

La posibilidad de evacuaciones médicas provocaron una epidemia de enfermedades y lesiones falsas.

“Un caso de epilepsia recibió parole, y entonces tuvimos una epidemia de ataques epilépticos”, dijo Beato. “En un solo día vi 27 supuestos ataques epilépticos”.

Después de que un refugiado sufrió quemaduras accidentales y fue evacuado, varios otros se quemaron a sí mismos, agregó. Uno se echó salsa Tabasco en el ojo. Otro tragó clavos. Un tercero se hizo una cortada y se tragó su propia sangre, para que apareciera en sus heces fecales.

“Yo les dije, no empiecen a inventar cosas” porque las fuerzas armadas de EEUU – elogiadas por igual por todos los miembros de MMT – podrían ponerse duros y parar los paroles médicos, agregó Beato. “Pero la desesperación era tan grande que ellos hacían cualquier cosa con tal de salir de aquel infierno”.

Los voluntarios de MMT trataron inicialmente a los inmigrantes haitianos, para evitar quejas de que los cubanos recibieran un tratamiento privilegiado. Pero a medida que la mayoría de los haitianos eran enviados de regreso a Haití y más cubanos siguieron llegando, su carga de casos y su sentido de urgencia fue cambiando.

Primero, ellos urgieron a la Casa Blanca para que permitiera la entrada de los niños cubanos, entre 7,000 y 8,000, y sus familias a EEUU. Clinton aceptó, y aquellos habían salido en diciembre de 1994. Varios miembros del MMT recuerdan con amargura a la entonces secretaria de Justicia, Janet Reno, cuando dijo que nunca se permitiría la entrada de los cubanos en EEUU.


A medida que pasó el tiempo, la vida en los campamentos mejoró, se hizo menos apiñada y más organizada.

MMT organizó a los profesionales de la medicina entre los refugiados en grupos de seleccion de prioridades que podrían tratar algunos casos menores y pasar otros a los médicos militares. Y los campamentos eligieron a sus propios enlaces con las fuerzas armadas.

“Esa forma de autogobierno fue una minidemocracia que me enseñó que la Cuba del futuro podría salir adelante”, dijo Beato.

Artistas pintaron imágenes que reflejaban los peligros del mar y la tristeza de la vida en los campamentos, e hicieron esculturas con las envolturas plásticas derretidas de las raciones militares conocidas como Meals Ready to Eat (MRE).

“Su inventiva con los materiales artísticos era increíble”, dijo Nunzio Mainieri, de 87 años, nacido en Cuba, cirujano plástico y escultor que albergó a dos artistas refugiados en su estudio de Coral Gables luego que llegaron a Estados Unidos. El no hizo el viaje el viernes.

La violinista Lisbet Martínez, quien tenía entonces 12 años, hizo varias actuaciones en que tocó el himno de EEUU. Y Guarioné Díaz recordó que el arroz mejoró mucho después de que él persuadió a los militares estadounidenses de que permitieran a los cubanos que lo cocinaran.

Nacieron grupos musicales, y se separó una tienda para el entretenimiento. Un participante en el viaje del MMT dijo que hubo incluso rumores de servicios de “masaje” disponibles en los campos.

Alzugaray dijo que los balseros también denunciaban a otros habitantes del campamento como espías cubanos. Cubanos con expedientes delictivos o de los que se sospechaba de ser infiltrados o inestables mentalmente fueron enviados a un centro de detención conocido como Camp X-Ray. Alrededor de 500 acabaron siendo devueltos a Cuba.

Los médicos del MMT rememoraron además su emoción al ver otra vez a Cuba cuando sus aviones chárter se acercaron a la base de Guantánamo, y luego al poner el pie en su patria por primera vez después de décadas de exilio.

“Guantánamo es seco y puede parecerse más a Arizona, pero el color del océano era indudablemente de un azul cubano”, dijo Cepero, quien pasó 14 años en una cárcel cubana antes de irse en 1975.

Cepero y Mainieri dijeron que les gustó ver de nuevo hasta los feos roedores que son endémicos de Cuba, conocidos como jutías. Cepero dijo que él todavía conserva un trozo de alambre de púas que él cortó de una cerca del campamento.

Cuando el último inmigrante cubano salio de la base a principios de 1996 –prácticamengte todos rumbo a EEUU– 110 miembros del MMT habían pagado sus propios pasajes por unos 50 viajes de jueves a domingo a la base, y tratado unos 600 y 800 pacientes cada fin de semana.

En la actualidad, no queda casi ninguna señal de que en esta base se apiñaron alguna vez 30,000 cubanos, 15,000 haitianos y miles de miembros del personal militar de la base y civiles de terceros países contratados por el Pentágono para que ayudaran con los refugiados.

Las tiendas de campaña fueron plegadas, los catres amontonados, y el plan era ponerlos a bordo de barcos cargueros para la próxima crisis de refugiados.

Pero todavía hay evidencia de cubanos desesperados tratando de escapar de la isla y encontrar refugio en la base de la Marina de Guerra estadounidense.

La semana pasada, un cubano atravesó a pie con todo cuidado uno de los campos minados cubanos que rodean la base, saltó por encima de una cerca, entro a la base de y pidió asilo político, según personal de la misma.

Otro trató de hacer lo mismo hace poco más de 3 semanas, dijo el personal de la base, pidiendo discreción porque no estaban autorizados a comentar al respecto. Una mina explotó, y el cubano murió.

FUENTE El Nuevo Herald