¡TOMAN AGUA DEL INODORO! De lamecu... a maric...sones: El diccionario de la Venezuela “roja, rojita”

Por NotiCensura : miércoles, abril 05, 2017

Tres sabios de la Academia Venezolana de la Lengua le toman el pulso en Caraota Digital a una forma de hablar criolla –promovida por el alto poder gubernamental– que busca con afán una supuesta sintonía con las masas. No hay dudas, la revolución tiene un punto rojo en el uso del idioma, que incluye “lameculos”, “mariconsones” y “cabrones”. Hay más (por sí se animan a seguir leyendo)…

Estamos en las horas de…las hienas”, decretó recientemente Delcy Rodríguez, canciller venezolana, refiriéndose a los miembros de la OEA.
En su característico tono directo, la oralidad de la diplomática Rodríguez parece producto de la lingüística que más de uno heredó de Hugo Chávez.
En efecto. El fallecido mandatario de la Revolución Bolivariana instauró una suerte de diccionario rojo, de carácter oficioso, en el cual, según algunos, las descalificaciones y obscenidades proferidas han venido disminuyendo, a lo largo de casi dos décadas, la majestad del idioma español. Al menos, el que se cultiva en la Venezuela de hoy.

Hay una situación con el uso del lenguaje, digamos de violencia, de chabacanería, en la que lamentablemente los medios han contribuido”, evalúa el profesor Horacio Biord, presidente de la Academia Venezolana de la Lengua: “Las personas que han ocupado distintos cargos de gobierno han confundido los niveles y han usado, en momentos no debidos, palabras que pertenecen al ámbito o espacios de intimidad, familiar o de amistad”.   

No pocos venezolanos han replicado esa informalidad. Además de políticos, los medios de comunicación también colocan su propio acento. Muchas veces donde no va. Y de ahí, los ciudadanos han apelado al uso de expresiones para hacerse entender en una nación donde no siempre el diálogo ha resultado la opción.

¿Cómo explican algunos miembros de la Academia Venezolana de la Lengua esa “moda” de hablar y escribir “empantuflados” cuando la ocasión amerita zapato de suela?

Hoy no hablamos ni mejor ni peor

Esa es precisamente la evaluación que hace el profesor Luis Barrera Linares, también miembro de la Academia Venezolana de la Lengua: “El idioma va cambiando en la medida en que la sociedad transcurre. Sin embargo, parte de los venezolanos de la actualidad se comporta lingüísticamente de acuerdo con los estímulos que suele recibir a través de ciertos medios de comunicación y de determinados hablantes públicos”.
Para este investigador del lenguaje, muchos de los personeros desconocen su responsabilidad social cuando se dirigen a grandes audiencias.

Creen en la igualación verbal por debajo y, en lugar de proponerse enriquecer la lengua de quienes los escuchan o los leen, terminan uniéndose al deterioro”, sentencia Barrera Linares, coordinador de la Comisión de Lexicografía, la cual ha contribuido con la elaboración de varias ediciones del Diccionario de la Lengua Española, DRAE.

Hablar para el pueblo no es necesariamente hablar como el pueblo: la propia gente que forma parte de ese extraño conglomerado llamado ´pueblo´ tiene la suficiente intuición lingüística para darse cuenta de que hay hablantes que no usan el lenguaje como corresponde”.

Entre ellas y ellos se llaman “marico

Producto de ese decir revolucionario que se escucha a diario en Venezuela, donde la frontera de lo público y lo privado se ha difuminado, el resto del país parece haberse acomodado a esa nueva forma de oralidad.

Usted escucha a unos jóvenes hablando y usan un exceso de expresiones sin diferencia de género, tanto hombres como mujeres”, dice Horacio Biord. “Fuera del contexto informal, su empleo, en lo personal, me parece indebido. ¿Por qué? Porque muestra una pérdida de vocabulario, pobreza de léxico y, además, refleja una coyuntura de violencia en el país”.

Ciertamente, se ha hecho común que mujeres llamen “maricos” a los hombres en una muestra de igualdad y de cercanía. Algo que tiene una explicación para Biord.
De este modo, términos del pasado con un significado específico pueden resultar diferentes en la actualidad. Y esa distinción responde, casi siempre, a la intención. En tal sentido, reitera que palabras como “marico” o “guevón”, ahora se utilizan sin el tabú de tiempo atrás.
Yo diría que especialmente en las ciudades se nota un lenguaje agresivo y violento y, también, el uso de expresiones anteriormente tabuizadas, como las groserías, que ahora se usan desemantizadas”.
Venezuela roja
Foto / Referencial
Para ilustrar lo que dice, Biord, también director de la Academia de la Historia del estado Miranda, recuerda una anécdota ocurrida en sus predios laborales, donde una compañera de trabajo resultaba “antipática” para muchos. La percepción se fue borrando cuando determinaron los recursos de los cuales se valía aquella persona para hablar.
Se apoyaba en demasiadas expresiones informales”, cuenta: “Y cuando me visitaba un catedrático o un investigador, ella lo anunciaba diciéndome ‘Ahí lo busca un carajo´”.
Aunque esa forma de expresión puede revelar un estrato social carente de privilegios, en el otro extremo, asegura, también existen estudiantes universitarios que se manejan con el mismo nivel de discurso.

“He visto a estudiantes que a la hora de exponer, en contextos formales, deben hacer un gran esfuerzo para hacerse entender”.

Un mundo virtual: ¿mejor?

Para Horacio Biord el mundo experimenta una transición que recompensa la oralidad sobre la escritura. Todo ello, intervenido también por las exigencias de las plataformas tecnológicas, que sucumben a lo escueto.
Muchas noticias en los medios electrónicos se producen en audio o deben incluirlo. Algunos analistas lo llaman la ciberlengua. Hay un cambio de formato y las consecuencias para el lenguaje no pueden verse a corto plazo”.
Para su colega Luis Barrera Linares, las redes no escapan del compromiso social. “Son sencillamente un medio más para llegar a los otros. Tienen su propia dinámica y sus propias reglas pragmáticas o condiciones de uso, pero incluso allí hay que cuidarse”.
Venezuela roja
Foto: Twitter
La razón, según sostiene, es que la identidad virtual no evita la condición de hablantes públicos. “El sometimiento a ciertas condiciones propias de algunas redes sociales –brevedad, limitación de caracteres, concisión– no debe privar sobre el valor social y pedagógico de quienes usamos el idioma para comunicarnos públicamente con grupos que van más allá de lo familiar o cotidiano”.

No entiendo esas publicaciones –digitales o impresas– que, a través de un vocabulario y una sintaxis que suponen como ´populal`, terminan siendo malos ejemplos a seguir”, continúa Barrera Linares: “No me considero nada purista y más bien me gusta ser abierto frente al uso de neologismos, pero neologismos que no rompan con las reglas vigentes del idioma, que se ajusten a un uso acorde con lo que somos como sociedad hablante”. 

Político majunche, escuálido y enchufado

Palabras como ´majunche´, ´escuálido´, ´enchufado´ fueron de uso coloquial en el pasado”, atestigua Horacio Biord: “Desde siempre las hemos usado, pero los políticos las pusieron de moda”.
Lo que sucedió con estos términos, según el académico, fue que se emplearon en el discurso político. Y eso sí establece un contraste con los mandatarios y personalidades públicas del pasado.
Venezuela roja
Infografia elaborada por Gerardo Solórzano y Josman Padrón
En Venezuela se reconoce que varios de sus presidentes y algunas personalidades públicas han usado el lenguaje de manera muy personal. Por ejemplo, la campechanía de Luis Herrera Campins, reflejada en el empleo de los refranes llaneros, era asimilada por el pueblo sin menoscabo de la estatura política del mandatario.
Los líderes políticos y en particular el presidente de la República de cualquier país inciden en la colectividad a través de varias vías”, admite el escritor Rafael Arráiz Lucca, vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua: “Dado el sitial desde el que hablan, pueden incidir como modelo en la sociedad. Por esto es que es tan grave, tan delicado, el uso del lenguaje desde las alturas del poder”.

El también historiador, ensayista y poeta especifica que “Simón Bolívar discurría maravillosamente, manejaba la lengua formidablemente, mientras que Juan Germán Roscio, José María Vargas y Fermín Toro eran estilistas del idioma”.

En su balance, Arráiz Lucca precisa que “Rómulo Betancourt utilizaba el lenguaje magistralmente, apelando a vocablos en desuso que asombraban a la gente. Rafael Caldera discurría con un lenguaje excepcional. Ni hablar de Arturo Uslar Pietri y su maestría”.
Ahora bien, ¿qué de particular tiene esta coyuntura política de tono rojo?

Con Hugo Chávez, Nicolás Maduro y la izquierda pre-moderna que ellos encarnan regresaron los insultos del siglo XIX, pero puestos al día”, repasa Arráiz Lucca: “La violencia con que se han referido a sus adversarios es lamentable y habla muy mal de ellos, no de sus adversarios”.

Venezuela roja
Foto: Montaje elaborado por Gerardo Solórzano y Josman Padrón
El argumento de este intelectual caraqueño es que el insulto viene a ser un disolvente para la dinámica política pacífica y una forma de violencia como la física. “Ojalá recuperemos pronto la sindéresis y el respeto al otro en la diatriba política”.
Todo un desafío para la sociedad venezolana que, después de todo, lo ha advertido la boca de la señorita Delcy Rodríguez: “Estamos en las horas de… las hienas”.