¡DAN LA VIDA PARA LOGRARLO! Los adolescentes quieren un futuro, no una bolsa Clap

Por NotiCensura : martes, julio 04, 2017


14 menores han sido asesinados, de acuerdo con Cecodap, en el contexto de las protestas iniciadas en el país el pasado mes de abril. ¿Han heredado los adolescentes venezolanos la forma de un gobierno que nunca eligieron? Caraota Digital abre un debate con el sociólogo Roberto Briceño León, la psiquiatra Franca Caterina y el director de la escuela de Estudios Políticos de la UCV, Carlos Luna…
No son los adolescentes precisamente los responsables del destino político de la Venezuela actual. No fueron ellos  –los todavía menores– quienes votaron a favor de Hugo Chávez para designarlo presidente en 1998. Tampoco lo hicieron para colocar a Nicolás Maduro en el poder en 2013. Sin embargo, pareciera que al frente de las protestas de hoy los menos experimentados están dando la cara contra un enemigo que recibieron como herencia no deseada.

En las protestas han caído adolescentes entre 14 años y 17 años. Foto: Felipe Romero
Las 14 víctimas fatales –ocurridas entre abril y junio– representan cerca de 20% del total de 75 personas que han fallecido según el Ministerio Público.
Del informe emitido por Cecodap se infiere que proporcionalmente 1 de cada 5 manifestantes que han muerto en medio de enfrentamientos con los cuerpos de seguridad apenas cruzaba la etapa de la adolescencia.
De estos, 5 tenían 17 años; otros 4 contaban con 16 años; 4 más alcanzaban los 15 años y solo 1 llegaba a los 14 años. En sumatoria, el promedio indica 16 años. Edad de liceísta.

Fuente: Cecodap

No votaron por Maduro y sin embargo…

El profesor Carlos Luna, director de la escuela de Estudios Políticos y Administrativos de la Universidad Central de Venezuela (UCV), considera que el grupo juvenil de manifestantes asume la protesta ante la “falta de oportunidades”.

“Sienten que aunque puedan estar estudiando, formándose en liceos o universidades, no encuentran las condiciones para labrarse su futuro e independencia”.

Luna describe que “el hecho de vivir con sus padres, no ver proyecciones de realización dentro del sistema laboral venezolano y, además, encontrarse con dificultades para formar una familia o vivir su vida a plenitud les hace querer salir a la calle”.
Hay otras razones que estarían estimulando el grito juvenil: “Es una cuestión de contraste, de irreverencia, en el sentido de que han visto solo este régimen”.

Los jóvenes en Venezuela ven el futuro como una lejanía. Foto: Felipe Romero
Efectivamente, en términos cronológicos, nacieron bajo el mandato de Hugo Chávez y siendo adolescentes viven en el régimen de Nicolás Maduro: “De modo que los jóvenes de Venezuela claman y buscan un cambio, sobre todo en esa edad crítica de la postadolescencia donde se es contestatario y muy idealista”.
Aun cuando muchos de quienes manifiestan en contra de Maduro no tienen todavía la edad para ejercer el sufragio, Luna opina que tienen estímulos superiores para sus reacciones.

“Los jóvenes se mueven bajo el ejercicio del derecho político más allá del voto, porque sencillamente los ciudadanos tienen derechos humanos y eso es lo que ellos quieren defender y están defendiendo”.

Ahora bien, ¿los jóvenes están quedando solos al frente de las protestas mientras los mayores han asumido una posición menos riesgosa? Carlos Luna, también internacionalista, contradice este punto de vista.
“Lo que sucede es que cada generación se maneja con expectativas y aspiraciones distintas. El joven que no ha formado familia tiene menos arraigo, menos cosas que perder”.

Los más jóvenes combaten un gobierno que nunca eligieron. Foto: Felipe Romero
El profesor de la UCV explica que hasta los 25 años de edad las personas son más susceptibles de emigrar y buscar otros horizontes.
Por el contrario, para quienes superan los 30 años de edad les resulta más difícil, porque poseen más “vínculos y responsabilidades” que atender: “Los muy jóvenes no han adquirido, casi nunca, compromisos que los ancle”.

Quieren un futuro, no una bolsa Clap

La muerte en combate de jóvenes adolescentes tiene una explicación para el sociólogo Roberto Briceño León: “Es la lucha por la libertad, es la lucha por el futuro”.
Para este experto en el análisis de la violencia en Venezuela resulta singular que los jóvenes luchen por un país y por una idea, pero también por su futuro personal.

“Aunque estudian no saben qué van a hacer ni con el título ni con su trabajo. Y realmente qué posibilidades tienen de cubrir el mínimo de sus ilusiones o expectativas en un  país empobrecido, controlado en lo político y en su mercado laboral, en un país que solo ofrece las bolsas Clap y trabajar en un ministerio que te obliga ir a una marcha”.

Los jóvenes han entendido, según el sociólogo, que enfrentan una encrucijada: sometimiento o libertad: “Y ese dilema lo tenemos todos los venezolanos, pero cuando se es joven se vive con mayor fuerza porque es la edad de la apertura al futuro”.
Las acciones de los adolescentes de 2017 no constituyen en sí mismas un hecho inédito en la historia venezolana. “¿Qué celebramos el 12 de febrero, Día de la Juventud?”, se pregunta Briceño León para responder: “Exactamente que unos jóvenes como los actuales decidieron salir. ¿Qué fue la generación del 28? ¿Qué retrata Fiebre, la novela de Miguel Otero Silva? Esa juventud que protesta”.

“Lo que sí resulta inédito en la historia reciente es la incorporación masiva de jóvenes en una lucha por la libertad que no está guiada por los pensamientos de izquierda”.

Jóvenes que ven morir a otros jóvenes

La psiquiatra Franca Caterina le coloca el acento al drama que ha significado ver caer a compañeros de generación durante las protestas: “Han perdido la virginidad emocional y han descubierto una realidad que no era como la que ellos soñaban”.
Esas muertes también han generado un vínculo generacional: “La pérdida de uno de ellos pareciera estimular un estado de querer tener mayor fuerza para seguir luchando, porque sienten que la muerte del otro no puede ser inútil”.
Los sentimientos de dolor o de desgracia por el compañero malogrado puede llevarlos a tratar de darle justicia a esa muerte y se redoblan esfuerzos para el próximo enfrentamiento con el oponente: “Como no quieren que les pase lo mismo, pero al mismo tiempo sienten ira, entonces buscan mejores herramientas de lucha”.
Por eso, Franca Caterina observa que a lo largo de tres meses de protestas se han ido produciendo cambios en los jóvenes. “El inicio fue idealista (panderetas, violines). Era el momento de los sueños”, opina Caterina: “Luego introdujeron modificaciones en las herramientas para protegerse (escudos) y más adelante aparecieron consignas (yo soy libertador)“.

¿Es responsable llamar a los jóvenes al combate?

Bajo la concepción de la lucha no violenta, sí”, determina Carlos Luna: “Porque lo que la constitución establece es el derecho de la protesta pacífica en el marco del sistema democrático y esa es la postura de los jóvenes y estudiantes”.

Especialistas Roberto Briceño León y Carlos Luna
El profesor Roberto Briceño León amplía ese margen generacional: “Yo creo que la responsabilidad es de todos. Llamar a combate es un asunto de espíritu, no de armas, no de instrumentos”.

Luna recuerda que “las protestas venezolanas no buscan generar una guerra o formar un ejército irregular. Son protestas basadas en unos derechos humanos que les han sido conculcados”.

Porque si bien es cierto que nacieron en un régimen, estos mismos jóvenes han escuchado lo que es la democracia y la libertad“, detalla la psiquiatra Franca Caterina: “Muchos de ellos han viajado y otros se conectan con diferentes realidades a través de las redes sociales. Eso los lleva a manifestar”.
Uno de los rasgos más trascendentes, según el director de la escuela de Estudios Políticos y Administrativos, es que las acciones juveniles “están haciendo ver la desproporción del uso de la fuerza por parte de los organismos del Estado, los cuales en vez de tratar de permitir el derecho los reprimen como lo hacen y esto ha dejado en evidencia el nivel de brutalidad”.

Se enfrentan movidos por una Venezuela que conocen por referencias. Foto: Felipe Romero
En esto coincide el profesor Roberto Briceño León: “El llamado a combate es una decisión espiritual de búsqueda de libertad, de enfrentarse, de no aceptar el sometimiento. Luego buscarás las herramientas para eso, las piedras pero también el violín que suena muy fuerte. Y su sonido es tan fuerte que por eso mismo los funcionarios lo destruyen porque creen estar acabando con la gran fuerza de los jóvenes”.
Sin embargo, en estos jóvenes está operando “la parte más impulsiva dentro de la estructura psíquica, donde no hay límites”, sentencia Franca Caterina: “Los adolescentes piensan ‘nadie me va a limitar mis sueños, ni autoridad política ni autoridad paterna’. Esa emoción sobrepasa sus límites y es la que los lleva a buscar una solución inmediata”.